Érase una vez, en un reino muy muy lejano llamado Weindelfert, nació un bebé llamado George, ese bebé soy yo, y os voy a contar mi historia.
Todo empezó cuando yo solo tenia 10 años.
Un hechicero, que se hacía llamar Willow llegó a Weindelfert pidiéndole al rey
Tim que le cediera el trono, para él reinar en todo Weindelfert, y como era
normal, Tim se negó rotundamente. El hechicero se enfadó mucho, y se
marchó diciendo que volvería para vengarse, y que acabaría con todo el
que se pusiera delante, y así hizo.
A la semana volvió, pero esta vez no
vino solo, vino acompañado de un dragón, vino acompañado del Dragón Blanco. El
Dragón Blanco era una bestia con apariencia de un gran lagarto con alas y
aliento de fuego, cuernos y gran ferocidad. El hechicero Willow le hizo una
última oferta al rey Tim. En esta oferta le pedía al rey que le cediera el
trono, y no le haría daño a la familia real, pero el rey se negó rotundamente,
y mando a todo su ejercito que se prepararan para vencer al hechicero y al
dragón, y poco después comenzaron a atacar utilizando armas de largo alcance,
ya que Willow y el Dragón Blanco estaban fuera de la fortaleza. Todos los arqueros
comenzaron a disparar flechas, también catapultas, pero justo cuando estaban
apunto de impactar en ellos, Willow golpeó su bastón contra el suelo, y todas
la flechas y rocas lanzadas, fueron repelidas por una especie de campo de
fuerza. El hechicero comenzó a avanzar dirección al portón de la fortaleza, los
esfuerzos de los soldados parecían inútiles, ya que no les hacían daño. el
dragón, de un zarpazo abrió el portón, y todos los aldeanos, corríamos
intentando buscar un buen escondite para no tener peligro. Mi madre me cogió
del brazo y me llevó rápidamente a un pasadizo secreto junto al pozo que se
encontraba tapado por hierbas. Recuerdo perfectamente las palabras que me dijo.
Fueron estas:
``Hijo, corre lo más rápido que puedas
hasta el final del pasadizo y espérame allí, llegarás a las montañas Osadizt.
Yo iré a buscar a tu padre. CORRE.´´
Yo hice lo que mi madre me dijo, corrí y
corrí hasta llegar al final del pasadizo, llegando así a las montañas de
Osadizt. estuve esperando un buen rato y ni madre ni mi padre llegaron, así que
me subí a una roca, desde donde podría ver la fortaleza, y lo que logré ver fue
toda la fortaleza en llamas. Yo me asusté mucho, ya que la vida de mis padres
podía estar en peligro, pero no podía hacer nada, era un pequeño niño de 10
años. Comenzó a anochecer, y me puse a buscar algún sitio donde estuviera
protegido de la fría noche, y encontré una especie de cueva, como no tenía una
opción mejor, pasé allí la noche. Al día siguiente, cuando me desperté, decidí
ir al reino vecino, al reino de Castelorft, para contarles todo lo que había
sucedido la noche anterior y ver si se podía hacer algo para vencer a ese
hechicero. El camino iba a ser largo, pero no tenía ninguna opción mejor.
Me llevé horas caminando, iba por la mitad
del camino aproximadamente, cuando, un anciano que iba a caballo se paró justo
a mi lado. El anciano, era muy alto, era incluso el hombre más alto que yo
había visto nunca; iba vestido con una especie de bata color grisáceo, y encima
una manta de más o menos el mismo color. Este individuo tenía los pelos muy
largos para ser un hombre y de color castaño, llevaba los pelos por debajo del
hombro, y también tenía una barba increíblemente larga. Es anciano me preguntó
que hacia donde me dirigía, que me veía muy cansado y el me llevaría a donde
fuera. Yo le dije que me dirigía al palacio de Castelorft, ya que quería hablar
con el rey Thomas. El anciano se extrañó, ya que no sabía por qué un niño de 10
años quería hablar con el rey de Castelorft, y yo se lo conté todo, le conté lo
que había sucedido la noche anterior en mi reino y que por eso quería hablar
con Thomas. El anciano se quedó muy sorprendido, yo suponía que era porque no
creía en la existencia de hechiceros y dragones, pero no fue por eso, sino porque
no pensaba que Willow se hubiera asociado con el Dragón Blanco, ya que ese
dragón era muy solitario, y casi nunca estaba acompañado, ya que cuando alguien
se le acercaba lo mataba. La verdad que yo si que me sorprendí, ya que ningún
anciano creía en la existencia de dragones.
Poco tiempo después llegamos al palacio de
Castelorft, y el anciano me volvió a sorprender, ya que se bajó del caballo y
dijo que me iba a acompañar, ya que Willow no se podía salir con la suya,
porque si había hecho eso con Weindelfert, también podría hacerlo con todos los
demás reinos. El anciano y yo entramos los dos en palacio con la intención de
que el rey nos escuchara, ya que su reino podría estar en peligro también. El
rey Thomas nos escuchó, y se quedó boquiabierto al saber el final de la
historia. El rey nos preguntó qué era lo que debíamos hacer, y el anciano le
dijo que tuvieran una salida secreta, por si Willow venía, pudiesen escapar
todos los habitantes. Él nos prestó atención, y en cuanto terminamos de hablar,
ordenó hacer pasadizos secretos por donde pudieran escapar loa habitantes de
Castelorft si había ataque enemigo. Thomas nos dio las gracias por haberle
informado de todo, ya que si Willow les hubieran cogido por sorpresa, no
tendrían ninguna escapatoria.
Una vez habíamos convencido al rey Thomas,
el anciano me dijo que me fuera con él, ya que él me enseñaría a luchar para
poder plantar le cara a Willow. Yo acepté sin pensarlo dos veces, ya que yo no
tenía nada, ni casa, ni familia, nada. El anciano me llevó a su casa, que
estaba cerca del castillo de Weindelfert. Su casa estaba hecha de madera, pero
parecía ser muy resistente. Comenzó a anochecer, y el anciano, se sentó
cerca de mí, junto a la hoguera, y me dijo:
``Bueno, creo que no me he presentado
todavía, mi nombre es Dalfgan, y aunque no te lo creas, soy un hechicero, al
igual que Willow.´´
Cuando me dijo Dalfgan me dijo eso, sentí
alegría, ya que podría plantar le cara a Willow, y así poder vencerlo. Yo le
pregunté que por qué no buscaba a Willow para luchar contra él y vencerlo, pero
Dalfgan me dijo que no podría ganar a Willow en una batalla, ya que Willow le
quitó parte de su poder hace unos años, pero que me podría enseñar a combatir,
y que incluso me enseñaría algo de magia para que pudiera vencer yo a Willow.
Los años pasaban, ni Willow ni el Dragón
Blanco aparecía, ni teníamos noticias suyas, que era un alivio, ya que de esta
forma podía avanzar en mi aprendizaje de forma más tranquila; y yo, ya sabía
combatir utilizando armas como espada, arco, hacha, daga,... y también aprendí
algo de magia, ya tenía el poder de los 4 elementos, fuego, agua, aire y roca.
Dalfgan me había, enseñado todo lo que me podía enseñar, pero todavía no estaba
del todo preparado, para poder vencer a Willow, para poder vencer a el
hechicero, necesitaría la ayuda de todos los soldados del reino de Castelorft,
así que fuimos Dalfgan y yo a hablar con el rey Thomas para pedirle ayuda.
Cuando llegamos al castillo, Thomas nos recibió con los brazos abiertos, y nos
cedió todas sus tropas sin dudarlo.
Ya con todos los soldados a nuestra orden,
decidimos ir primero en busca del Dragón Blanco primero, ya que era el enemigo
más débil, y nos sería más ``fácil´´ acabar con él. La guarida del Dragón
Blanco estaba en una gran cueva cerca de las montañas de Osadizt, y esa cueva
sería el mejor lugar donde podríamos atacar al dragón, ya que solo habría una
salida.
Llegamos a la cueva y ocupamos nuestras
posiciones, todos los soldados estaban preparados en la salida de la cueva, las
ballestas estaban colocadas y cargadas para disparar, y Dalfgan y yo entramos
para hacer que el dragón cayera en nuestra trampa. entramos en la cueva, pero
no se podía ver con claridad, así que gracias a la magia que me había enseñado
Dalfgan, pude crear una pequeña bola de fuego, que nos iba iluminando el
camino. llegamos al centro de la cueva, justo donde el dragón solía descansar,
pero nos llevamos una gran sorpresa, el majestuoso Dragón Blanco estaba muerto,
tenía clavada una enorme lanza en el pecho. Dalfgan y yo salimos de la cueva
muy contentos, ya que uno de nuestros enemigos había caído, pero también muy
confusos, ya que no sabíamos quien podría haber hecho eso.
Como el Dragón Blanco ya estaba muerto,
pusimos rumbo hacía nuestro enemigo más poderoso, pusimos rumbo al pantano de
Esfiku. Este pantano estaba muy alejado de las montañas de Osadizt, pero
debíamos ir a buscar a Willow.
Tardamos cerca de tres días en llegar al
pantano, ya que como dije antes, estaba muy alejado de las montañas de Osadizt,
y como íbamos acompañado de todo un ejército, nuestro ritmo iba muy lento. En
esta ocasión no usamos ningún plan, sino Dalfgan y yo lucharíamos cara a cara
contra Willow y los soldados nos apoyarían en cuanto lo necesitáramos, ya que
no queríamos poner en peligro sus vidas, ya que los ataques de los soldados no
le afectarían prácticamente a Willow, solo se le podría vencer con magia y
usaríamos a los soldados para que entretuvieran al hechicero y poder así
Dalfgan y yo poder lanzar un ataque más certero. Nos encontrábamos ya cerca de
la casa de Willow, pero como era de noche, decidimos acampar, para que los
soldados estuvieran más frescos el día de la batalla.
Una vez estaban todas los tiendas de
campaña puestas, Dalfgan me llamó y me hizo entrar en su tienda. Yo obedecí y
entré en su tienda. Allí estaba el líder de los elfos del bosque, que se había
enterado de nuestra causa y quería ayudar. La verdad es que eran una gran
ayuda, ya que no solo eran de los mejores en el arte del cuerpo a cuerpo, sino
que también podían hablar con los animales y controlarlos,y eso no era todo, no
solo los animales los escuchaban y obedecían, sino también los árboles. Eso
podría ser una gran arma, ya que controlábamos a la naturaleza. y si atacábamos
todos a la vez, Willow tendría casi imposible escapar.
La noche pasó y ya estábamos ya frente a
la casa de Willow, y tomamos posiciones, los elfo del bosque se ocultaban tras
la densidad del bosque, los soldados formaban un semicírculo frente a la puerta
de la casa de Willow, y Dalfgan y yo estábamos justo enfrente de la puerta de
la casa del malvado hechicero. Willow salió lentamente de la casa y sin
sorprenderse de nuestra presencia. El hechicero nos dijo que nos estaba
esperando, ya que se había percatado de nuestra presencia por la noche, pero no
nos atacó porque quería librar una batalla con su hermano, señalando a Dalfgan.
Todos nos sorprendimos mucho al saber que mi mentor y mi mayor enemigo eran
hermanos. Yo le pregunté a Dalfgan que por qué no me lo había dicho antes, y él
me dijo que no me lo había contado antes porque él ya no reconocía a Willow
como su hermano, ya que Willow había asesinado a toda su familia para absorber
el poder de todos ellos, pero yo conseguí librarme por poco, solo pudo quitarme
un poco de mi poder. Willow también nos dijo que el que había asesinado al
Dragón Blanco había sido él, ya que el dragón se había estado entrometiendo en
muchos de sus planes, y que por eso no había atacado a ningún otro reino,
porque el dragón se interponía.
Después de un largo silencio, comenzó la
batalla para la que yo me había preparado y entrenado tanto. Dalfgan y yo
lanzamos un ataque, Dalfgan levantó una pared de arena entre Willow y nosotros,
y yo lancé una enorme bola de fuego hacia él, pero lo esquivó a gran velocidad.
Después de nuestro ataque, Willow apareció detrás de nosotros, le dio una
fuerte patada a Dalfgan lanzándolo lejos de nosotros y haciendo que se chocara
contra un árbol. Yo me dí cuenta de que estaba detrás nuestra, así que levanté
una enorme pared de piedra entre el malvado hechicero y yo, pero que tampoco
sirvió para nada, ya que Willow la atravesó y golpeó con el puño, haciéndome
deslizar por el suelo. La batalla duró un larguísimo periodo de tiempo, y
Dalfgan y yo prácticamente no teníamos fuerzas para continuar luchando, así que
los elfos del bosque aparecieron, y rodearon a Willow con una especie de raíces
de árboles que se movían como y cuando los elfos se lo ordenaban; y los
soldados comenzaron a disparar flechas en llamas hacia esas raíces, que
comenzaron a arder, había sido un gran ataque. pero a Willow parecía no hacerle
daño el fuego, ya que se libró fácilmente de las raíces, y seguía como nuevo.
Dalfgan decidió acercarse para atacarle cuerpo a cuerpo, pero Willow, le clavó
su espada a Dalfgan, yo me quede paralizado, ya que la persona que me había
enseñado prácticamente todo lo que yo ahora sé, tenía una espada clavada en el
estómago, que lo atravesaba.
Yo, lleno de ira, comencé a atacarle con
todo lo que pude, lanzándole bolas de fuego, una especie de tsunami de arena,
pequeños tornados, burbujas que cuando lo tocaban explotaban,... una cortina de
humo apareció entre Willow y yo debido a mis ataques, cuando esta cortina
desapareció, el cuerpo de Willow estaba tirado en el suelo, ensangrentado,
muerto.
Corrí hacia Dalfgan para ver si seguía con
vida, pero no se podía levantar, estaba medio muerto, yo usé todo lo que
conocía de magia curativa para intentar curar a Dalfgan, pero él me agarró la
mano, para que parara de hacerlo, la verdad que no sabía por qué lo había
hecho, yo estaba intentando ayudarle. En uno de sus últimos esfuerzos, me dijo
que estaba muy orgulloso de lo que yo había conseguido, y que ahora era yo el
único hechicero que seguía con vida. También me dijo que no usara mis poderes
para el mal como había hecho Willow, sino para el bien, para mantener la paz
entre todo el mundo, como había hecho él. Yo asentí, con lágrimas en los ojos.
Yo le di las gracias por todos estos años que me había acogido en su casa y que
me había tratado como a un hijo, le di las gracias por haberme enseñado todo lo
que sabía sobre la magia. También le pedí perdón por no haber podido acabar con
Willow sin que nadie resultara herido, y por desgracia el que fue herido era la
persona que más me importaba. Dalfgan sonrió, y por desgracia, murió.
Todos los soldados estallaron de alegría,
y comenzaron a abrazarse entre ellos, todos estaban alegres, el malvado
hechicero Willow había muerto. La noticia llegó a todos los reinos, y como era
normal, todos festejaron la muerte del hechicero.
Los días pasaban y todos los reinos me
tomaban como a un héroe, ya que la noticia de como una joven niño de tan solo
14 años podía haber vencido a un hechicero con la fuerza de Willow. Ahora yo
era una de las personas más importantes de todas, ya que era el único hechicero
que existía. El rey Thomas me propuso formar parte del consejo real, pero para
s poder ser consejero real debería dejar la que había sido mi hogar durante
muchos años, debería dejar de vivir en la casa de Dalfgan, así que me negué, ya
que no quería dejar aquella casa que me traía grandísimos recuerdos junto a mi
gran amigo Dalfgan.
Los años pasaron mientras se mantenía la
paz. Yo me di cuenta de algo,
cuando yo muriese no quedaría ningún
hechicero en todo el mundo, así que un día mientras le hacía una visita a mi
gran amigo el rey Thomas, se lo comenté para saber lo que él pensaba. Él me dio
la razón, así que me dijo que por qué no entrenaba a su nieto Artur, que
siempre me había admirado mucho y le encantaría que yo le enseñara a ser un
hechicero. Yo lo vi bien, pero Artur debería venirse a mi casa para que le
pudiera enseñar, ya que allí era donde Dalfgan me había enseñado a mí y yo
quería hacer lo mismo con Artur. Thomas me dijo que hablaría con su hija, ya
que podría no dejar que su hijo se fuera de casa teniendo solo 9 años. Yo le
dije que no pasaba nada, que era normal que una madre quiera estar con su hijo,
y más si son solo niños. Le dije que cuando tuviera la respuesta de su hija me
avisara, y que se tomara el tiempo que necesitara, que no corría prisa.
A la semana, un mensajero real de
Castelorft vino a mi casa acompañado de un pequeño niño. El mensajero traía una
nota escrita por el rey Thomas. La nota decía:
``Saludos George, finalmente convencí a mi
hija para que dejara que su hijo Artur pudiera iniciar el aprendizaje de
hechicero, aunque se tuviera que quedar contigo hasta que este terminara.
Espero que mi nieto se comporte como parte de la familia real que es y que
aprenda rápido.´´
Cuando terminé de leer la nota, el
mensajero real se despidió, se fue dirección a Castelorft. Artur, se bajó del
caballo, y me dijo que estaba encantado de poder aprender hechicería de mí,
según él uno de los mayores héroes de todos los tiempos, y yo estaba igual de
encantado que él, ya que tenía muchas ganas de tener un pupilo, y poder
enseñarle todo lo que yo conocía sobre la hechicería.
Artur era un chico de cabello largo de
color castaño, tenía los ojos verdes y la cara salpicada con algunas pecas.
Artur era un poco más bajo que yo, así que era muy alto para la edad que tenía.
Como me había comentado su abuelo antes, era muy constante, lo cual era muy
bueno, ya que hasta que no le saliera lo que él estaba dispuesto, no pararía.
El tiempo pasaba, y Artur, iba avanzando
con mucha rapidez, en tan solo tres meses, ya controlaba los elementos tierra y
viento. Yo estaba muy contento con él, ya que era muy bien chico, todo lo hacía
bien.
Un día, un mensajero de Castelorft vino a
buscarnos, y nos dijo que Thomas estaba muy enfermo, y que quería verme antes
de que muriera. Yo me sorprendí mucho. Artur y yo nos preparamos lo más rápido
que pudimos, y pusimos rumbo a Castelorft. Llegamos lo más rápido que pudimos.
Entramos en palacio para buscar a Thomas, así que le pedimos a un sirviente que
nos llevara rápidamente al cuarto de Thomas. Cuando entramos, la mujer de
Thomas y su hija, se pusieron en pie, la hija de Thomas para abrazar a Artur y
la mujer para pedirme que ayudara a mi amigo, que no lo dejara morir, yo me
senté junto Thomas, que estaba durmiendo, le puse las manos en el pecho, y me
concentré todo lo que pude. Mis manos comenzaron a iluminarse con un color
verdoso, y Thomas se despertó, asustando a todos los que estaban en la
habitación. Le pregunté si se sentía mejor, y él me dijo que se sentía como
nuevo, todo estaba arreglado. El rey, nos dijo que nos quedáramos a comer, ya
que estábamos allí, y nosotros aceptamos.
Cuando terminamos de comer, decidimos que
era hora de volver al trabajo, así que nos despedimos de todos y partimos de
nuevo a mi casa. En el camino de vuelta, le propuse a Artur una carrera de
vuelta a casa, pero no una carrera normal, sino una carrera volando. Al
controlar el elemento aire, podíamos volar, y como era de esperar, Artur aceptó
sin dudarlo. Le di un poco de ventaja a Artur, ya que o controlaba más el
elemento que él, pero fue lo peor que pude hacer, Artur, inesperadamente, era
rapidísimo. Llegamos a casa y Artur se puso a dar saltos de alegría, ya que me
había ganado en la carrera, yo le felicité, ya que era rapidísimo, pero que no
dejara de esforzarse en lo que le quedaba de aprendizaje, ya que lo que quedaba
era la parte más difícil y peligrosa, debía controlar el agua y el fuego.
Finalmente, el aprendizaje de Artur terminó.
Artur tardó 2 años en controlar por completo los 4 elementos, pero ahora no
solo había un hechicero en el mundo, sino 2, y por cierto, Artur era también
muy fuerte, incluso más de lo que era yo. Mi pupilo me dio las gracias por
haberle aguantado estos 2 años y por haberle enseñado hechicería, pero que
debería volver a palacio, ya que había vivido mucho tiempo lejos de su madre y
quería volver a estar junto a ella. Yo le dije que las gracias deberían ser
mías hacia él, ya que había sido un buen discípulo, que claro que podría ir con
su madre, ya el aprendizaje había acabado.
El tiempo pasó, y la paz reinaba en todos
los reinos, hasta que un día, llamaron a la puerta de mi casa. Yo fui a abrir,
y me encontré con 7 hombres armados con espadas de diferentes formas y tamaños.
Esos hombres se hacían llamar Los 7 Espadachines, y fueron a mi casa para
retarme a un duelo. Los 7 Espadachines eran unos delincuentes de un reino muy
lejano. Ellos sabían que yo era la persona más fuerte que actualmente vivía, y
si me ganaban en un duelo, ahora serían ellos los más fuertes, y por lo tanto todos
los respetarían. Yo acepté el duelo, para acabar con los peligrosos 7
Espadachines. Me dijeron que el duelo se haría en la plaza de Castelorft, para
que todo el mundo viera como ``perdía´´. Una vez terminamos de hablar,
desaparecieron en una nube de humo.
Yo avisé a Artur para que fuera él a
combatir en mi lugar para ver si era suficiente fuerte como para acabar con Los
7 Espadachines, yo estaría ahí por si en algún momento me necesitara, pero
pensaba que no la iba a necesitar.
El día llegó, Los 7 Espadachines estaban
en la plaza, como habíamos quedado, pero no estaban solos, toda la plaza estaba
llena de los habitantes de Castelorft, que no se querían perder la batalla.
Artur llegó un poco después que ellos. Los 7 Espadachines se enfadaron mucho, ya
que ellos querían combatir contra mí, no contra Artur, pero decidieron que
vencer a mi discípulo haría que yo fuera en busca de venganza.
La batalla comenzó, Los 7 Espadachines
lanzaron un ataque combinado del cual Artur esquivó por muy poco. Artur después
de esquivar ese letal ataque, lanzó una enorme bola de fuego, que fue bloqueada
por la espada de uno de los espadachines. Yo, que estaba entre el
público, me sorprendí mucho, ya que ese ataque era muy poderoso. Artur, no se
dio por vencido, y usó un ataque del elemento tierra. Levantó cuatro
paredes enormes de roca alrededor de los espadachines, y después, Artur,
comenzó a volar, se colocó sobre las paredes y lanzó una llamarada de fuego
dirigida a los espadachines. Cuando la llamarada impactó en los espadachines,
las paredes explotaron. Todos los habitantes situados a los alrededores de la
plaza se asustaron, ya que no esperaban es explosión. Artur también se
sorprendió, por lo visto no la había producido él, así que la habían producido
los espadachines. Cuando el humo producido por la explosión se disipó,
los 7 Espadachines ya no estaban.
Todas las personas que estaban en la plaza
se asustaron tanto al ver que los 7 Espadachines ya no estaban en la plaza, que
se fueron todos a sus casas. Yo no me fui, ya que quería hablar con Artur, le
dije que había luchado muy bien, con cabeza y lanzando buenos ataques. Artur
dijo que los 7 Espadachines eran unos fuertes rivales, ya que esos ataques que
lanzó no eran fáciles de esquivar. Cuando terminamos de hablar, Artur se fue al
castillo y yo me fui a mi vieja casa.
Pocas horas después llegó a mi casa un
carruaje real, eran unos soldados de Castelorft, que se traían a Artur
gravemente herido en una camilla, inconsciente. Los soldados me contaron todo
lo que había sucedido. Habían sido los 7 Espadachines, que aparecieron en el
castillo con la intención de capturar al rey Thomas, para que yo fuera a
rescatarlo, pero Artur se impuso, intentando que no capturaran a su abuelo, y
después de una larga batalla, uno de los espadachines dañó gravemente a Artur,
ya que le clavaron la espada en el estómago. Y los soldados, sin saber qué
hacer, me vinieron a buscar, y se trajeron a Artur para que lo curara. Curé a
Artur, y cuando este se despertó, quería volver al castillo para matar a todos
los espadachines, pero yo le prohibí que fuera, le dije que esperara al día
siguiente y que entonces iríamos los dos, ya que al atacar los dos a la vez
sería más fácil.
La noche pasó rápidamente y partimos a
Castelorft. En las puertas del castillo había dos espadachines, a los que
atacamos sigilosamente, para que no avisaran a los otros espadachines. Estando
lejos, para que no nos vieran, Artur y yo usamos un ataque del elemento tierra,
que consistía en hundir a los enemigos bajo tierra para que se ahogaran. Cuando
los enemigos ya estaban bajo tierra, nosotros entramos en el castillo.
Según los soldados, el rey Thomas estaba
en lo alto del castillo, en su habitación, así que Artur y yo nos dirigimos
hacia esa habitación. Para llegar a esa habitación necesitábamos subir 4 plantas,
y para no perder más tiempo, comenzamos a subir. En la 2 segunda planta, sorprendente
mente, no había nadie, así que no nos paramos a pensar, seguimos subiendo. Cuando
subimos a la tercera planta, todos lo espadachines que seguían con vida nos
estaban esperando, así que Artur y yo nos preparamos para la batalla.
Yo lancé una enorme llamarada de fuego, y
Artur, utilizó un ataque del elemento aire, hizo que dentro de la habitación
apareciera un gran viento, que avivó el fuego rápidamente. Gracias a ese ataque,
eliminamos a uno de los cinco
espadachines que quedaban. Uno de los espadachines que seguían con vida, se
puso detrás de nosotros sigilosamente, y nos atacó con su espada, pero yo me di
cuenta, y creé un campo de fuerza alrededor de nosotros, que repeló el ataque.
Velozmente, después de repeler el ataque, lancé un chorro de agua hacia el
espadachín que nos acababa de atacar. El chorro, en cuanto tocó, se formó una burbuja
llena de agua, que ahogó al espadachín, solo quedaban tres enemigos. Mientras
yo atacaba a este espadachín, otros dos atacaron a Artur, haciendo una grave herida
en la vieja cicatriz que yo le curé, dejándolo inconsciente tirado en el suelo.
Yo, al ver eso, decidí acabar con esto rápidamente. Puse un campo de fuerza
alrededor del cuerpo de Artur, e hice una enorme explosión de fuego, que acabó
con todos lo espadachines que quedaban con vida.
Una vez acabé con los espadachines, fui
hacia el cuerpo de Artur, e intenté curarlo lo más rápido posible para poder ir
en busca de Thomas. Después de un breve periodo de tiempo, por fin pude curar a
Artur, aunque me consumió mucha energía, ya que Artur estaba gravemente herido.
Cuando Artur ya pudo ponerse en pie, fuimos hacia la habitación de Thomas. Cuando
llegamos, el rey estaba en su cama atado de brazos y piernas.
A las pocas semanas, el reino de
Castelorft volvió a la normalidad, todos los habitantes que se habían marchado
a del reino por culpa de los 7 Espadachines volvieron a sus casa. Y yo fui
reconocido como un héroe por salvar al reino y por haber acabado con los
peligrosos 7 Espadachines. Bueno, esta
es mi historia, espero que os haya gustado.
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